|
|
El papel del consumidor
4 textos para suscitar la reflexión y hacer reaccionar…
“El esquema de los poderes”: Entre todos los actores, el consumidor tiene una posición muy importante.
“No lo sabíamos…”: Por nuestro consumo, contribuimos con la contaminación del planeta.
“El cerebro verde”: ¿Por qué no actuamos ya?
“El consumerismo”: ¡Informemosnos sobre los productos que nos venden!
El esquema de los poderes
Los medios de
comunicación, a través de las informaciones que transmiten, de las
reflexiones que impulsan y de las modas que relevan, ejercen un
poder sobre el consumidor: el de incitarlo a tal o cual tipo de
compras. El consumidor, en cuanto a él, ejerce un poder sobre las
empresas, decidiendo comprar a la una o a la otra, tal o cual
producto. Más abajo, las empresas, que poseen el poder económico,
ejercen una presión sobre las elecciones políticas y las mismas pueden
también ejercer una presión sobre las empresas vía las normas
y reglamentaciones. Lo importante de anotar, es el lugar del
consumidor: influenciado por los medios de comunicación, pero arriba de
todo el resto. ¡Entonces, transformemos las industrias comprando
aquello que no contamine!
No lo sabíamos...
Tengamos perspectiva sobre todos
los productos que utilizamos cada día e imaginemos lo que contaría
alguien más tarde sobre nuestra vida actual, aquella donde
vivimos aproximadamente desde los años 70 en los países
industrializados.
“Nos vendieron productos químicos,
nos dieron bolsas de plástico, nos propusieron embalajes desechables…
No me dijeron que si entrara en este esquema, pondría el
planeta en peligro. No quería molestar. En aquella época, pensábamos
que el planeta era fuerte, que podía soportar todos nos desechos
tóxicos y nos emisiones de gases porque tendría la capacidad de
absorberlos y destruirlos.
Tomábamos los nuevos productos como
un paso en la modernidad, era parte del progreso humano. ¿Qué progreso?
Mm, yo diría más “higiene”, más “comodidad” y más
“facilidad”. En un sentido, verdad que el progreso humano es eso, pero
donde me siento engañado, es que ahora sé que higiene no significa usar
productos químicos; sé que la comodidad no es poseer mil
cosas y cambiarlas según las modas, sobrecalentar en invierno y abusar
de la climatización en verano; por fin, sé que la facilidad no es
llevar sus compras con bolsas de plástico en vez de bolsas de
tela y alimentarse de platos preparados o de frutas y verduras lisas y
brillantes por las pesticidas.
¿Cuándo lo
entendí? De a poco, cuando empezamos a hablar de eso en el mundo y en
mi país. Digamos que en el 2020, mi modo de vida había realmente
cambiado. Le hacía falta, por lo contrario mis hijos y nietos hoy en
día vivirían en una Tierra mucho más ruda, con recursos limitados,
entre otros en agua potable, y con accidentes climáticos de
repetición”.
El cerebro verde
¿Pero por Dios porque no logramos
inmediatamente cambiar de modo de vida? Sabemos que en 10 años, si
seguimos emitiendo tantos gases de efecto invernadero (o sea
utilizando tanta energía tal como el petróleo, el gas natural o el
carbón), deberemos contar con catástrofes naturales: deshielo de los
polos, en primero el polo norte, y de los glaciares (¿“En serio
papá, la nieve antes, eso no era sólo en el polo sur”?), inundaciones,
sequías, falta de agua potable, millones de refugiados climáticos,
extinción de numerosas especies animales y vegetales…
El primer traslado de personas por
los cambios climáticos fue en 2006: 10.000 habitantes de una isla
índica hoy sumergida. Un nuevo traslado está en curso en
Papuasia-Nueva Guinea. Según la ONU, 50 millones de refugiados son para
prever antes de 2010, y 200-250 millones para 2050. Según la ONG
Christian Aid, serían mil millones en 2050.
El 25% de las especies animales
conocidas pueden desaparecer para 2025. La mayoría de las especies
animales y vegetales, entre 1.5 y 1.8 millones, son en vía de
desaparición a un ritmo de 1000 a 10.000 más rápido que durante los
grandes periodos geológicos de extinción.
Sin embargo, seguimos… Mejor dicho,
nuestros cambios parecen flojos frente a la importancia del problema.
¿Por qué? Una parte de la respuesta está en un estudio de
la Universidad de Columbia transmitido por el New York Times en abril
de 2009. Este estudio muestra que el cerebro humano no maneja bien el
medio y el largo plazos. Entonces, los riesgos a 10 años
por ejemplo, no nos angustian y no nos incitan a actuar para
remediarlos. Un ejemplo: Si te digo que este avión tiene el 40% de
posibilidades de caerse, ¿lo tomás? Imagino que no. Ahora si te digo
que en 10 años, si no reducís tu consumo, tenés el 99,99% de
posibilidades de cambiar el equilibrio climático del planeta para
siempre, ¿actuás?
Bueno, yo sí,
porque hago el ejercicio de pensar “es como si subiera en un avión que
tiene el 99,99% de posibilidades de caerse”.
El consumerismo
¿Qué es? ¿Un modo de vida basado en
el consumo? No, el consumerismo es un movimiento de consumidores que
surgió en los 60 en los Estados Unidos para reclamar más
información y más seguridad en los bienes de consumo, en primer lugar
en los automóviles. El consumerismo nació en el momento que el país
aceleraba su entrada en la sociedad del consumo. La química,
los plásticos, el electrodoméstico, los autos… invadieron la clase
media. Algunos se preguntaron hasta qué punto estos productos podían
dañar su salud y el planeta. Después, la palabra “consumerismo”
a veces se confundió en el lenguaje común con la sociedad del consumo y
la idea del “gasto entonces soy”, la cual está por supuesto en el lado
opuesto a lo que promovemos en este sitio web.
Lo que me parece
interesante, es que existen asociaciones de consumidores que piden más
transparencia sobre lo que nos venden las empresas.
Deberíamos poder comprar con los ojos cerrados lo que nos ofrecen en
los supermercados. Bueno, no…Y esas asociaciones no son grupos de
hippies o la secta de Madre Naturaleza, sino consumidores
lúcidos y modernos que temen por ellos y sus hijos. Hoy todavía, hay
muchos esfuerzos para hacer de parte de las empresas respecto a la
información sobre lo que contamina y lo que es peligroso para
la salud (un trabajo sobre las etiquetas está en curso en Europa por
ejemplo). Mientras tanto, a cada uno le corresponde informarse (ver
nuestras guías prácticas) o… ¡adivinar: “Mmm este producto
verde fluorescente, estas galletitas sobreembaladas… no, no los tomo”!
Rechazar comprar a las empresas que contaminan, es ejercer nuestro
poder de consumidor. ¡Las empresas se pliegan a lo que
compramos, entonces compremos verde y las empresas cambiarán! |
|